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Matti Mikael Rossi
(Sortavala, RUS 1934 - 2017 Helsinki, FIN)
Encuentro con una sirena nuclear*
Tendida sobre tu base mineral, masticando tu largo pelo suelto, me esperas.
Piensas en mí, soy amarillo y largo, uña y acero donde los otros ya no tienen nada.
¿Sabes lo que es? ¿Sabes lo que no es? ¿Conoces lo ético del cual, hija mía, una en dos, dos en una, círculo de agua, puro pensamiento?
Así te veo, tendida en la ceniza, divino botón tal vez sin agujeros, seta gaseosa, mientras del hoyo de tu ombligo cae arena grano por grano.
Oh sombra del orgasmo helado, vientre sin salida, olvido seco, aquí nos encontramos al fin,
aquí nos comprometimos, vengo a hacerte el amor, ballena blanca, frustrada dueña del arma gigantesca que no te cabe. Oh Gran Catarina, soy tu pequeño caballito de patadas tremendas.
Ahora, extiende tu única pierna fantástica y déjame arrancarte el rábano podrido que hace tiempo impide la entrada a tu molino da esperanzas.
*Escrito originalmente en castellano.
Requiem para Wilfred Owen
Murió por la fiesta de San Juan, en agosto cayeron las uñas y los dedos quedaron sobre el pecho como unas mazorcas desgranadas; en las axilas rojas amapolas, claveles en el estómago, entre las piernas un girasol grande, por las orejas, rosas, y en las narices estalla un puñado de campanillas de invierno; alrededor de su memoria una gruesa correa de oficial, en el libro los poemas como hojas de trébol, y en los oídos del público el resuello de la resurrección; Abraham pega brincos sobre el atabal sembrando otra vez en Europa, con un cuchillo en la mano espera Abraham los mandamientos de su Señor, absurdas cantidades de nieve, absurdas cantidades de agua.
A César Vallejo
César Vallejo, poeta sin pan, pies
enormes, tremendos juanetes,
quién te da zapatos para esas pezuñas,
nadie, ciertamente.
Pobre haraposo, con tu pantalón de trasero
rasgado, con tu culo amarillento de cholo puro,
no tenías traje azul,
ni siquiera te sobraba
nombre para tu gato,
nunca hablabas con tu mujer,
tan caras las palabras, tan caras.
Pero tu tripa sí hablaba, larguísima, maravillosa tripa
de pesca! Hasta hablaba vacía, tú andabas escuchando,
cómo te tiembla el mentón, llevas el compás con la mano,
tu brazo dibuja un círculo enorme,
ya sale, ya sale, empuja, César, gritando lo tuviste,
dando gracias lo partiste y ahora nosotros
lo hacemos en conmemoración tuya.
En España conseguiste un par de zapatos. Era madrugada
de abril, llovía en París,
andabas con los zapatos en los bolsillos,
cálzate, César, pero qué pies. . . De qué
te ríes? Se equivocó madre España,
son los dos del pie izquierdo, te sobra un zapato,
sé buen socialista, dalo a alguien.
Resbalaste en un montón de mierda, caíste, te rompiste
la jeta, moriste, César, y ahora llueve,
tu pelo crece, sube el agua, hay un remolino
en la boca del sumidero, tus húmeros rascan
el asfalto, navegas lentamente, con un pie calzado
de un zapato rutilante, allí abajo te espera
Dante, desde la orilla Charlie Chaplin te dice adiós
con el zapato sobrante,
el poeta sale de viaje, llueve,
adiós, llueve, tu boca se llena de agua,
te olvidaste cerrarla,
un pedazo de poema, todavía caliente, te cuelga
de la comisura, adiós, César, tu nuevo zapato rojo
brillará largamente, confundiéndose al fin con tu pie.
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