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Faleeha Hassan
(Najaf, IRQ, 1967)
Inalcanzable
Oh, Dios mío.
¡Este poema!
Cada vez que intento hacer que permanezca en la línea de la realidad
ella revolotea como el vestido de Marilyn Monroe en la imaginación de los hombres.
Le dije que permaneciera en un significado.
Pero ella me desafía
mientras se atavía con la máscara de la interpretación
y cuando intenta describir el campo de batalla
ella persigue las secuelas de los besos
en los collares de los soldados que están atados a sus trincheras
con miedo y desesperanza
pero si volaran en pedazos
y sus cuerpos estuvieran dispersos por todas partes
sus palabras no tendrían sentido
porque ella se esconde detrás del símbolo.
No puede sentir el horror de los niños por las bombas.
Y sus intentos de acurrucarse contra los restos de los muros arrasados
sus mejillas no duelen
como las secas mejillas de las madres que han derramado quemantes lágrimas mientras
esperaban las cartas retrasadas de sus hijos ausentes.
Ella no se arriesga a pensar
así que ella no puede creer ninguna verdad.
A ella le es indiferente mi devastada vida
que ha sido aplastada por la dura máquina de los días.
Ella intenta que sus palabras sean hermosas
así que esparce agua de rosas sobre un volcán en erupción.
Ella se siente cómoda con la muerte e incluso la ensalza.
Ella resume toda esta pérdida, oscuridad, combustión, destrucción, armas químicas. Banderas negras,
ataúdes, despellejamientos, orfanatos, toques de queda, advertencia, sirenas, alambre de púas,
tanques, ruido de aviones, explosiones. Asesinato, sangre derramada en el camino, muerte, cenizas,
desplazamientos, vacío, cuerpos carbonizados, fosas comunes, ataúdes, lápidas, gritos, tristeza, ira,
hambre, sed, asedio, bofetadas, etcétera…
Ella resume todo esto en una sola periferia.
Guerra.
Mientras yo soy la poeta que está en el medio
viendo mi cuerpo saltar de muerte en muerte
para nada
sólo para dejar que el poema se haga carne
pero después de todas estas tribulaciones
ella sólo llega imperfectamente.
Despues de cuarenta años de nieve
¿Recuerdas el reloj que me regalaste envuelto en un poema?
Todavía está ligado al significado de mi alma.
Cuanto más tiempo pasa
cuanto más las letras saltan a mis venas
mi corazón ahora palpita ardor.
Cuántas veces he deseado
que mi ciudad no estuviera rodeada de tumbas
y así, como una niña pequeña,
esperarte en un jardín secreto.
¡Vamos!
Aparta esta gruesa ausencia,
tan gruesa como un abrigo de Nueva Jersey en invierno.
Derrite la nieve que se ha amontonado en las líneas de tus mensajes.
Corta la maleza que ha crecido en tu lengua.
No guardes un mar de lágrimas para mí.
No soy una sirena.
Hazte presente con palabras.
Sedúceme,
permite que deje de exigir mis derechos
y prosperar con el tacto de tus dedos mientras juegan con mi cabello.
Permite que me engañe una vez más
y que te vea como el centro de mi universo.
Esta noche
Cuando entré en mi apartamento
las escaleras yacían como hombres exhaustos tras un duro día de trabajo.
La puerta era como una boca que bosteza.
Mi televisor estaba escuchando atentamente el noticiero deportivo
y,
como una enorme mujer gorda, el sofá estaba echado en el suelo
apenas respirando el aire gastado.
La cortina le hacía cosquillas a la ventana
balanceándose con gracia.
Mis libros dormían como bebés en las manos de los estantes.
La mesa del comedor escuchaba los susurros de sus sillas.
Las lámparas se parpadeaban entre sí.
El ventilador estaba ocupado agitando sus brazos con indiferencia.
En mi apartamento
la vida se ve igual como la dejé,
todo es normal.
No,
es más de lo normal.
Raro...
¿Nadie me extrañó?
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