top of page

Miguel Ángel Bustos

(Bs. As., ARG 1932 - 1976)

Canto del bienaventurado

 
Señor Señor por qué me has abandonado
si yo era inhumano
pero rezaba todos los domingos.
Traté de ser altar
siete hostias cada semana para mí
un solo oro para mi sangre.
Ahora me doy veinticuatro campanadas
Y me duermo como un poco de tierra.
Cuando muera
bajo el canto inhumano de mis
hermanos
seré reliquia orín aroma.
Quedaré en mis huesos por toda la
Eternidad. Amén. 
 

XV. Ala temporal herida

Me matarán Señor tus clavos si antes no me mata la ausencia de tus clavos.
Noche y día siento el golpetear de tus maderas en mi cráneo.
 

XVI. Eres redondo

Un niño para saber preguntó a su madre: quiero la historia de Dios.
            Dijo la madre: un niño preguntó a Dios.
            Señor, Señor, ¿dónde estás?
Aquí bebiendo tu sangre.
 
 

Uno más uno cero

Metiste las piernas
espalda toda tu piel en la cama
pero yo no
entonces cerraste los ojos me fui.
Entre aullidos campanas metales viejos
hasta tu pobre corazón.
Allí grité cómo grité
vos cerraste cerraste por el polvo
abriste los ojos.
Un hombre de desgasta al fin mira mis alas.

©2020-2024 por Manos Ineptas.

bottom of page