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José María Eguren

(Lima, PER., 1874-1942)

Estación final

Si tuviera una espada

blanca y dura,

cortaría en dos las hojas

del tiempo derramado

y hundiría entre mis

brazos siempre armados,

al verano seco y pegajoso

  

 

EPILOGO

 Sólo soy

un hombre triste

que agota sus palabras.

 

 

Arte poética

En verdad, en verdad hablando,

la poesía es un trabajo difícil

que se pierde o se gana

al compás de los años otoñales.

(Cuando uno es joven

y las flores que caen no se recogen

uno escribe y escribe entre las noches,

y a veces se llenan cientos y cientos

de cuartillas inservibles.

Uno puede alardear y decir

"yo escribo y no corrijo,

los poemas salen de mi mano

como la primavera que derrumbaron

los viejos cipreses de mi calle").

Pero conforme pasa el tiempo

y los años se filtran entre las sienes,

la poesía se va haciendo

trabajo de alfarero,

arcilla que se cuece entre las manos,

arcilla que moldean fuegos rápidos.

Y la poesía es

un relámpago maravilloso,

una lluvia de palabras silenciosas,

un bosque de latidos y esperanzas,

el canto de los pueblos oprimidos,

el nuevo canto de los pueblos liberados.

Y la poesía es entonces,

el amor, la muerte, la

redención del hombre.

©2020-2024 por Manos Ineptas.

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