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Arturo Gutiérrez Plaza

(Caracas, VEN, 1962)

De Principios de contabilidad (2000):


Amor

 

Temblaba frágil

sobre sus palmas.

Apoyado en los dedos

creía que el viento

le enseñaría a volar. 

 

No conocía los imperativos del aire.

 

Cuando partió

sus manos entristecieron

(se poblaron de cardones).

 

Queriendo atraparlo de nuevo

saltaban manoteando

tímidos huracanes.

Al cerrar los puños

todo era arena y desierto:

tiempo calcinado de tanto esperar. 

 

(Pág. 56)


 

El pez de mi hija

 

Una pecera de 50 cms. de perímetro

y 15 cms. de diámetro

(aproximadamente medio litro de agua turbia),

a eso se reduce el universo

de Alfonso (el pez de mi hija).

 

Le echamos comida una vez al día.

 

El abre la boca como lo hacen los peces,

como un mimo aprendiendo a hacer burbujas.

Lo miro con lástima,

con falsa misericordia

 y le comento a Gaby: “qué pececito tan lindo”.

 

De noche, cuando todos duermen,

me levanto y voy a la cocina.

Alfonso permanece insomne,

me mira con firmeza

(no sólo porque le falten los párpados).

Me interroga con sus ojos inmensos

tan cóncavos como la pecera que los contiene.

 

(Pág. 68)

 


 

Crónica

 

Seguramente después de mi muerte

los perros continuarán aullando

como lo han hecho durante milenios.

 

Las cortinas sudarán la misma luz

cada amanecer, prolongando

el reposo de los amantes.

 

Las palomas acudirán a las plazas

llenas de fe, como los ciudadanos

que diariamente les dan de comer

a la puerta de las iglesias.

 

Todo será igual.

 

Gordas señoras cargadas de bolsas

recorrerán mi vecindario

impregnando el rancio olor del Mediterráneo.

 

Todo, o casi todo

Será como el primer día.

 

La misma crónica

Con otros personajes.

 

(Pág. 77)

 

Arturo Gutiérrez Plaza (Caracas, VEN 1962)

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